Robert Polson se fijó un día en que su espejo parecía reflejar algo tras él. Robert se acercó al espejo y mirando alrededor se dio cuenta que reflejaba algo que en la pared de su baño no estaba. Se acercó empañándolo con su aliento de whisky en la mañana y descubrió que algo parecía moverse tras él. Cogió un poco de papel higiénico usado minutos antes, en intentar rasurar su dura barba de 3 días y en el que unas gotas de sangre habían quedado impresas con dureza y comenzó a frotar esa parte más descolorida de su espejo. Pronto comenzó a desaparecer el espejo y con espasmos de sorpresa se vio con la mano dentro hasta la muñeca del espejo. - Joder, vaya espejo más jodido que tengo - pensó con poesía callejera Robert.
Terminó de despachar su burullo de papel higiénico con el espejo y con desacierto trató de colarlo en su taza de water. El papel se paseó en el borde y cayó al suelo junto a los otros burullos de papel, que había tirado en otras ocasiones.
Robert era un tipo que no se preocupaba por su vida, salvo por este echo curioso de su espejo de baño. Sin mediar pensamiento racional, agarró su champú anticaspa y lo arrojó por el espejo viendo como desaparecía tras él. Esto planteaba cosas curiosas, como teorías de la relatividad, agujeros espaciales en lugares extraños y toda clase de teorías fantásticas. Pero Robert, no se paraba en nada eso. Era un hombre parco en pensamientos y parco en modales y gestos.

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